Mediados de año y es inevitable no desear un respiro, después de semanas intensas de trabajos, exámenes, estudio, aveces mas intenso y con mayor interés y preocupación. Pero junto con las merecidas vacaciones tanto para los niños, como para los padres, necesariamente y por voluntad ajena debes experimentar y vivir el terrible desapego con quienes mas amas; porque el padre tiene el mismo derecho de la madre de disfrutar y estar unos días con sus hijos. Es la realidad que muchas personas debemos vivir y pese a que tratas de preparar tu mente, tu alma, hasta tu propio cuerpo, la situación no deja de ser triste y en cierto modo deprimente.
Puede ser porque un pedazo de ti se aleja y tratas de analizar porque has llegado a este punto...un punto sin retorno, por mas que los niños y tu lo desees. Pero no hay espacio para analizar este punto tan resuelto y definitivo. Es tu nido vacío el que te espera todas las tardes, una vez terminada la jornada laboral y sientes como cala aún más profundo ese sentimiento tan único y especial que solo una madre siente por sus dos pequeñas hijas. Hijas que debió verlas partir con un abrazo y un beso en la frente, deseándoles con toda sus fuerzas que reciban la bendición de mamá, esperando que esa bendición las proteja de cada espacio en el que no podrás estar para cuidarlas, esperando que ellas sientan que estás tan bien, cuando por dentro todo tu ser se desmorona. Esperas los días pasen rápidamente, ocupando tu mente y tu tiempo en las actividades que disfrutas, el vacío persiste, esperando pronto tenerlas en tus brazos y abrazarlas dulcemente...
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